Logotipo Sylvia Klaip con letras Azul

Como bien sabes, mi nombre artístico es Sylvia Klaip. Lo que no sabes es que mi nombre real es Laura Risco.


Nací en Barcelona y desde que tengo memoria me encantaba cantar, brincar y ser el centro de atención de todos.

Cuando venían familiares o amigos a casa, no podía resistirme: me plantaba delante del televisor —sí, mientras todos miraban la tele— para improvisar un pequeño espectáculo. Cantaba, bailaba y hacía mis payasadas para divertirlos. ¡Era pura felicidad!

A los 7 u 8 años, unos familiares muy cercanos me pidieron que cantara una canción de The Beatles en su boda. Me la preparé con todo el entusiasmo del mundo, y cuando llegó el gran día, fue un éxito rotundo. Desde entonces, en cada reunión o celebración, siempre acababa cantando algo. La música se convirtió en mi mejor compañera.

Mi primera guitarra y el amor por crear

Con 14 años logré comprarme mi primera guitarra. Fue toda una aventura que algún día contaré con detalle. Aprender a tocar me llevó apenas un mes, y muy pronto ya podía acompañar cualquier canción que quisiera.

No me separaba de ella, la llevaba a todas partes y hasta comencé a componer mis primeras canciones. Era un sueño en construcción, una pasión que me llenaba por completo.

El accidente que cambió mi destino

Unos meses después, en una fiesta con mis amigas del instituto, ocurrió algo que marcó mi vida.


Mientras llevaba agua al comedor, resbalé sobre el suelo mojado y caí con un bote de cristal en la mano. El impacto destrozó mi mano derecha.

Gracias a la rápida actuación de mis amigas —que me hicieron un torniquete— y a los cirujanos que me operaron, logré conservar la mano, aunque me advirtieron que ya no podría volver a tocar la guitarra.

Aquel momento fue devastador. Pasé 6 años de dolor, sin poder sostener un bolígrafo para escribir y con mucha rehabilitación. Cuando llegó el momento de elegir carrera, me sentía completamente perdida.

Un camino diferente

Mi madre me aconsejó estudiar Ingeniería Informática de Gestión, pensando que sería una profesión estable y con futuro. La escuché.

Durante años me dediqué a la programación, trabajé duro y tuve una vida aparentemente segura. Pero algo dentro de mí seguía apagado. Iba a trabajar con la sensación de estar traicionando lo que realmente era.

Hasta que un día, esa voz interior se hizo tan fuerte que no pude seguir ignorándola.

El regreso a la música

Me tomé unos meses para reflexionar y entender qué quería realmente. La respuesta fue clara: volver a la música.

Mi mano se había recuperado bastante y ya no me dolía al escribir. Así que me inscribí en clases de canto, solfeo, combo y técnicas de voz para corales. Cada día que pasaba, sentía más claro que ese era mi lugar.

Cuando pregunté a mi profesor qué podía hacer para seguir mejorando, me dijo: “Toca el piano.”

Así que me lancé de nuevo. Adquirí un órgano de segunda mano y empecé desde cero. Muy pronto ya podía acompañarme al cantar, y la alegría que sentía era indescriptible.

El nacimiento de Sylvia Klaip

Decidí abrir un canal de YouTube para compartir mi música, pero al descubrir las limitaciones de los covers, empecé a componer mis propias canciones. En pocos meses ya tenía varias listas, y a todo el mundo le encantaban.

Ahí nació Sylvia Klaip, un nombre que me representa por completo y que me enamoró desde el primer momento.

Una amiga me animó a publicar mis temas y así lo hice. En poco tiempo tenía videoclips, canciones nuevas y una comunidad que crecía alrededor de mi música.

Finalmente, un productor confió en mí y decidió producir gran parte de mis temas. Fue una etapa intensa de grabaciones, aprendizaje y crecimiento. Gracias a esa oportunidad, pude formarme en algunas de las mejores escuelas de música, perfeccionar mi técnica y consolidar mi estilo.

De la música a la comunicación

A medida que avanzaba en mi carrera musical, me di cuenta de algo profundo: la voz no solo sirve para cantar, también para comunicar.

Comencé a estudiar cómo la voz, las emociones y la presencia escénica pueden transformar la forma en que las personas se expresan y se relacionan con los demás.

Esa búsqueda me llevó a convertirme en vocal coach de comunicación, unir la técnica vocal con la inteligencia emocional, y finalmente, a escribir mis libros y enseñar a otros a cautivar con su voz, su mensaje y su presencia.

Hoy, Sylvia Klaip no es solo música. Es voz, emoción y comunicación consciente.

Una historia que empezó entre canciones y que hoy inspira a otros a encontrar su propia voz y brillar con autenticidad.

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