Cuando hablamos de comunicación, solemos pensar solo en hablar o expresarnos con palabras. Pero la realidad es que comunicamos mucho más con cómo lo decimos, con lo que callamos, e incluso con lo que sentimos mientras lo decimos.
A lo largo de los años, he descubierto que existen 5 tipos de comunicación principales, y conocerlos te puede cambiar la forma en la que te relacionas —contigo mismo y con los demás—.
Comunicación pasiva
La persona pasiva evita el conflicto. Calla lo que siente por miedo a molestar, perder algo o generar tensión.
Suele decir frases como “da igual” o “no pasa nada”, cuando en realidad sí pasa.
El problema es que, con el tiempo, se acumula la frustración y termina saliendo en forma de enfado o tristeza.
Comunicación agresiva
En el extremo opuesto está quien impone su punto de vista sin escuchar al otro.
Habla más alto, utiliza un tono dominante y busca tener la razón.
El mensaje llega, sí… pero deja huella.
Este tipo de comunicación genera distancia, miedo o rechazo, y aunque parezca efectiva a corto plazo, destruye vínculos a largo plazo.
Comunicación pasivo-agresiva
Es una mezcla de las dos anteriores: no dice directamente lo que siente, pero lo expresa con ironía, sarcasmo o indirectas.
Por fuera parece calma, pero por dentro hay un volcán de emociones sin expresar.
Este tipo de comunicación confunde a los demás y desgasta enormemente las relaciones.
Comunicación manipuladora
Aquí el foco está en lograr lo que uno quiere sin mostrarlo abiertamente.
Se usan la culpa, el victimismo o el halago para conseguir resultados.
Es una forma de comunicación muy sutil, pero poco auténtica.
A la larga, rompe la confianza, porque los demás perciben que algo no encaja, aunque no sepan explicar qué.
Comunicación asertiva
Y llegamos al punto de equilibrio: la comunicación asertiva.
Es la que nace del respeto propio y hacia los demás.
Implica decir lo que uno piensa o siente con claridad, sin herir, sin callar, y sin imponerse.
Es el tipo de comunicación que crea relaciones sanas, transparentes y auténticas.
Cuando aprendes a comunicarte así, descubres que no hace falta gritar para ser escuchado, ni callar para mantener la paz.
Cada uno de estos estilos puede aparecer en distintos momentos de tu vida.
Lo importante no es juzgarte, sino reconocer cuál predomina en ti y aprender a transformarlo hacia la asertividad.
Porque, al final, comunicarte bien no es hablar más… es hablar desde la verdad.
¿Has descubierto cuál o cuáles son tus formas de comunicarte?
Si necesitas ayuda para identificarlo o quieres aprender a comunicarte con más calma y autenticidad, házmelo saber en los comentarios o escríbeme, estaré encantada de ayudarte.
